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INTRODUCCIÓN

Cuando hablamos de patologías vocales nos referimos a alteraciones del mecanismo vocal que perturban, varían, dificultan o impiden la normal función de la fonación.

La disfonía es el signo principal que se pone de manifiesto ante cualquier alteración. Clásicamente se ha definido a la disfonía como la alteración de uno o varios parámetros acústicos de la voz, ya sea la intensidad, el tono o el timbre.

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Estas alteraciones pueden deberse a
distintos factores: anatómicos, orgánicos, funcionales y emocionales.
Cuando hablamos de factores anatómicos nos referimos a alteraciones estructurales en la morfología del sistema. Orgánicos serían aquellos cambios que se producen en la anatomía tales como una patología adquirida. Factores funcionales son aquellos que provocan un déficit en la mecánica del sistema vocal. Y los emocionales son los que afectan al funcionamiento a causa de un estado psicológico alterado.

También existen ocasiones en las que se aquejan síntomas y disconfort vocal en cualquier modalidad de actividad vocal (voz hablada, cantada, proyectada, etc) y eso también lo podemos considerar como disfonía.

cuerdas-normales2Existen muchísimas patologías vocales que se pueden clasificar de muchas maneras diferentes. Aquí están organizadas por adquiridas o congénitas.

Clasificamos como patologías vocales adquiridas aquellas que aparecen por un uso “desequilibrado” del mecanismo vocal o por un agente irritante que lo agrede. Generalmente son lesiones que pueden solucionarse y desaparecer con rehabilitación vocal y readecuación vocal, aunque en los casos más extremos es necesario administrar tratamiento médico también e incluso someterse a intervención quirúrgica.

Llamamos patologías vocales congénitas a aquellas que se deben a una malformación en el sistema. Son patologías que no son resultado de ninguna “disfuncionalidad” ni nada similar, y que no desaparecerán mediante la técnica vocal o el tratamiento médico. En este caso, lo que se pretende es compensar, refuncionalizar y equilibrar el sistema para que el paciente pueda tener una vida y desarrollo vocales normales. Generalmente pueden compensarse mediante la readecuación vocal aunque en otras ocasiones es necesaria la intervención quirúrgica en primer lugar, y reeducando al paciente vocalmente para que adapte su función vocal a las nuevas características anatómicas del aparato vocal.

Cuando se detecta un problema en la voz, indistintamente del uso que se le dé, lo adecuado es visitar al médico para que elabore un diagnóstico concreto de qué es lo que está pasando.

Por regla general, la mayoría de pacientes se dirigen al otorrinolaringólogo para que éste resuelva su consulta. La otorrinolaringología abarca muchos aspectos y, en muchas ocasiones, los otorrinos no están dotados del material ni la especialidad necesarios para elaborar un diagnóstico preciso y apropiado. Por eso, lo más adecuado cuando se produce un problema relacionado con la voz, es dirigirse al profesional que mejor podrá diagnosticarlo: el médico foniatra.

Una vez que el médico foniatra ha elaborado un diagnóstico, entra en juego el proceso de rehabilitación y/o readecuación vocal.

La mayoría de las patologías vocales no requieren tratamiento quirúrgico. Siguiendo un proceso de rehabilitación y/o readecuación vocal se producen los reajustes que son necesarios para cambiar los hábitos vocales y hacer que la patología desaparezca o se compense. Algunas de las patologías vocales requieren de tratamiento quirúrgico, pero en la mayoría de ocasiones es necesario un proceso de preparación antes de intervenir quirúrgicamente.

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